La fugitiva
La fugitiva Amigo mÃo, perdóname por no haberme atrevido a decirte de viva voz las palabras que te transmito a continuación, pero es que soy tan cobarde, he sido siempre tan poca cosa ante ti, que ni siquiera forzándome he tenido valor para hacerlo. Esto es lo que deberÃa haberte dicho: «La vida entre nosotros se ha vuelto imposible; por lo demás, ya viste, con tu salida de tono de la otra noche, que algo habÃa cambiado en nuestras relaciones. Lo que se podrÃa haber arreglado aquella noche resultarÃa irreparable al cabo de unos dÃas. AsÃ, pues, ya que hemos tenido la suerte de reconciliarnos, vale más que nos separemos como buenos amigos». Por eso, querido mÃo, te envÃo esta nota y te ruego que tengas la bondad de perdonarme, si te causo un poco de pena, pensando en la —inmensa— que sentiré yo. GrandÃsimo amigo mÃo, no quiero llegar a ser enemiga tuya, ya me resultará bastante duro volverme poco a poco —y muy pronto— indiferente para ti. Por eso, como mi decisión es irrevocable, antes de encargar a Françoise que te entregue esta carta, le habré pedido mis maletas. Adiós, te dejo lo mejor de mà misma. Albertine.