La fugitiva
La fugitiva Lo más urgente era leer la carta de Albertine, ya que querÃa pensar en los medios que necesitarÃa para hacerla regresar. TenÃa la sensación de disponer de ellos, porque, como el futuro es lo que sólo existe todavÃa en nuestro pensamiento, nos parece aún modificable por la intervención in extremis de nuestra voluntad, pero al mismo tiempo recordaba haber visto actuar sobre él otras fuerzas distintas de la mÃa y contra las cuales —aunque hubiera dispuesto de más tiempo— nada habrÃa podido. ¿De qué sirve que no haya sonado aún la hora, si nada podemos influir en lo que ocurrirá? Cuando Albertine estaba en casa, yo estaba totalmente decidido a conservar la iniciativa de nuestra separación y después ella se habÃa marchado. Abrà la carta de Albertine. Era de este tenor: