Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Sin perder un segundo nos vestimos y corrimos al bote. Hallábase éste anclado en el viejo desembarcadero, al lado del depósito de maderas de Pankey & Co., y su borda casi chocaba contra los ásperos troncos. Augustus se embarcó y empezó a achicar la embarcación, que estaba semiinundada. Terminado esto, izamos el foque y la vela mayor y nos hicimos resueltamente a la mar.
Como ya he dicho, el viento arreciaba del sur. La noche era tan clara como fría. Augustus había empuñado el timón y yo me instalé junto al mástil, sobre el techo del tumbadillo. Así navegamos a gran velocidad, sin que hubiéramos cambiado una palabra desde que perdimos de vista el muelle. Por fin pregunté a mi compañero qué rumbo pensaba tomar y a qué hora creía probable que estuviéramos de regreso en casa. Silbó durante un rato y, por fin, repuso colérico:
—Yo sigo mar afuera. Tú puedes irte a casa, si prefieres.