Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Relataré una de esas aventuras como introducción a otro relato más extenso e importante. Cierta noche había una fiesta en casa de Mr. Barnard y tanto Augustus como yo terminamos bastante embriagados. Como solía hacer en estos casos, acepté la mitad de su lecho en vez de volverme a casa. Mi amigo se durmió de inmediato, según creí (pues ya era la una), y sin decir palabra de su tema favorito. Habría pasado media hora y estaba a punto de dormirme cuando Augustus se enderezó de golpe y, con un terrible juramento, afirmó que no se dormiría por ningún Arthur Pym de la cristiandad cuando soplaba un viento tan maravilloso del sur. Me quedé estupefacto, sin comprender lo que quería decir, y suponiendo que el vino y los licores le habían hecho perder el sentido. Pero Augustus continuó hablando fríamente, diciéndome que, aunque yo le suponía borracho, jamás había estado tan sobrio en su vida. Agregó que le fastidiaba estarse en la cama como un perro en una noche tan hermosa, y que tenía intención de vestirse y hacerse a la mar en el bote. Apenas puedo decir lo que pasó por mí, pero tan pronto había pronunciado esas palabras cuando sentí un estremecimiento de placer y de excitación, y consideré que tan alocada idea era una de las más deliciosas y razonables de este mundo. El viento que soplaba era casi huracanado y hacía mucho frío, pues nos hallábamos a fines de octubre. Salté, sin embargo, de la cama, poseído por una especie de rapto, y declaré que era tan valiente como él, que estaba igualmente cansado de estar en cama como un perro y tan preparado para ir a divertirme como cualquier Augustus Barnard de Nantucket.