Las tropas de la muerte
Las tropas de la muerte La Purga no era simplemente una prisión, era una condena a la desesperación. Tras la muerte de su padre, Trig se sintió más solo que nunca. Había sido un hombre duro, pero protector, y su ausencia dejó un vacío que Trig no podía llenar. Los pocos momentos de tranquilidad que habían compartido se desvanecieron, dejando solo el eco del último aliento de su padre en la enfermería, un sonido que se mezclaba con el incesante golpeteo de las máquinas de la nave. Kale , su hermano mayor, era lo único que le quedaba, pero incluso su presencia no podía aliviar el peso del miedo constante. Juntos, habían aprendido a sobrevivir en medio de quinientos de los criminales más peligrosos de la galaxia, una mezcla letal de asesinos, contrabandistas y sociópatas que no dudaban en matar por diversión o por una simple mirada equivocada.
La Purga albergaba más que solo prisioneros; era una fábrica de pesadillas, donde las sombras parecían tener vida propia y los gritos en la noche se convirtieron en parte de la rutina. Algunos de los convictos murmuraban sobre fantasmas en los pasillos, sobre figuras que se movían entre las sombras cuando nadie miraba. Trig nunca había visto nada, pero las historias contribuían a su creciente paranoia. Sabía que no estaba a salvo. Nadie lo estaba.