Las tropas de la muerte
Las tropas de la muerte Pero no solo los prisioneros vivían bajo esa tensión constante. Zahara Cody , la médica jefe de la nave, había sentido cómo la prisión comenzaba a carcomerla por dentro. Cada día, con cada prisionero que atendía, veía cómo el futuro se iba volviendo más sombrío. La Purga era un lugar donde la esperanza no existía, donde los días se desmoronaban uno tras otro en una repetición interminable de violencia y miseria. Su equipo médico era mínimo, y cada vez que un prisionero llegaba a la enfermería herido o enfermo, Zahara sabía que no siempre podría salvarlo. El espacio era un lugar cruel, pero la Purga lo amplificaba. Su relación con Jareth Sartoris , el despiadado capitán de la guardia, no hacía más que empeorar la situación. Sartoris no veía a los prisioneros como personas, sino como animales, y trataba a la tripulación con la misma crueldad. Cada mirada que Zahara cruzaba con él era un recordatorio de lo lejos que estaba de cualquier tipo de humanidad. Estaba atrapada en ese agujero de desesperanza, sin escape a la vista.