Tratado sobre la tolerancia
Tratado sobre la tolerancia Cuando Luis XIV revoca el edicto de Nantes, en Francia no hay ningún protestante; todo lo más existen los llamados «nuevos católicos», conversos forzosos en su mayorÃa que, en su interior, seguÃan profesando la religión reformada: como resultado, Francia sufrió una de las grandes desgracias de su historia, porque esa exigencia supuso la salida de un gran número de artesanos excelentes, la quiebra de las manufacturas y el éxodo de buena parte de la riqueza francesa que emigra, con sus propietarios, a Holanda, a Alemania, a Inglaterra, donde la tolerancia y la razón han progresado mucho, según Voltaire. Mas, pese al éxodo, la Reforma sigue perviviendo en Francia, aunque a escondidas, y provocando tensiones, algunas tan famosas como el caso de los convulsionarios de Saint-Médard, que brotó desde 1730 y vivió rebrotes intermitentes hasta la Revolución Francesa. En ese barrio parisiense de Saint-Médard las tensiones eran a la vez sociales y religiosas; el jansenismo no se correspondÃa ya con la religión aristocrática de los tiempos de Pascal, sino con la de las clases bajas; y ese suburbio parisiense, poblado por las capas más miserables, aunó hambres fÃsicas y espirituales en las conmociones de marcado carácter fundamentalista y femenino que se produjeron en su cementerio; sobre la tumba de un asceta, un diácono apellidado Pâris —hermano de un consejero del parlamento—, se congregaba la muchedumbre de Saint-Médard en medio de crisis histéricas; pronto se habló de milagros, de sanamientos por intercesión del cielo, etc. Las simpatÃas de que gozó el movimiento —en el que participaban un hermano y un primo de Voltaire— en los medios parlamentarios suponÃa la complicidad de una institución del Estado con las revueltas fanáticas: el hecho no dejó de escandalizar a Voltaire, para quien los convulsionarios suponÃan el fanatismo más extremo.