El corazón de una Bridgerton
El corazón de una Bridgerton La tragedia llegó sin previo aviso, como un rayo que rasga el cielo despejado. John murió repentinamente, dejando a Francesca viuda y a Michael con una herencia que no deseaba: el título de conde y una vida que nunca pidió. En la silenciosa solemnidad del funeral, mientras los invitados susurraban palabras de consuelo, Michael se mantenía apartado, cargando una culpa que lo aplastaba. Había deseado lo que no debía, y ahora parecía que el destino lo castigaba con su cruel generosidad.
Francesca estaba devastada. Su mundo se había reducido a cenizas, y el hombre que siempre la había hecho reír ya no estaba a su lado. A su alrededor, las palabras de consuelo se sentían vacías, pero había una ausencia que dolía más que cualquier otra: Michael. Él, el mejor amigo de John, quien había sido como una roca en su vida, parecía haber desaparecido.
—¿Por qué no está aquí? —preguntó Francesca en voz baja, mirando al retrato de John en el salón familiar. Su madre trató de calmarla. —Michael también está de luto, querida. Quizá necesita su espacio. Pero Francesca sabía que no era solo eso. Algo había cambiado, una grieta invisible que se hacía más grande con cada día que pasaba sin verlo.