El Archipiélago en llamas
El Archipiélago en llamas Al dÃa siguiente, el 3 de septiembre, después de haber aparejado hacia las diez de la mañana, la Syphanta ceñÃa el viento bajo un pequeño velamen para salir de los pasos del puerto de Escarpanto.
Los cautivos rescatados por Henry d’Albaret se habÃan colocado unos en el entrepuente y otros en la baterÃa. Aunque la travesÃa del Archipiélago no habÃa de llevarles más de unos dÃas, los oficiales y los marineros habÃan querido que aquellas pobres gentes estuviesen instaladas lo mejor posible.
Desde la vÃspera, el comandante d’Albaret habÃa estado haciendo las gestiones necesarias para poder hacerse a la mar de nuevo. HabÃa entregado garantÃas por las trece mil liras, con las que el cadà se mostró satisfecho. El embarco de los prisioneros se habÃa llevado a cabo sin dificultades, y, antes de tres dÃas, aquellos desgraciados, condenados a las torturas de los baños beréberes, serÃan desembarcados en algún puerto de la Grecia septentrional, donde ya no tendrÃan que temer por su libertad.
¡Una libertad que debÃan por entero a aquel que acababa de arrancarlos de las manos de Nicolás Starkos! De ahà que, en cuanto pusieron los pies sobre la cubierta de la corbeta, su reconocimiento se manifestara por medio de un acto conmovedor.