El Archipiélago en llamas
El Archipiélago en llamas Nadie hubiese podido prever todavÃa cuáles serÃan las consecuencias de aquel acontecimiento. Henry d’Albaret, en cuanto lo supo, pensó, naturalmente, que tales consecuencias no podrÃan serle sino favorables. En todo caso, el matrimonio de Hadjine Elizundo serÃa aplazado. Aunque la muchacha debÃa de estar afectada por un dolor profundo, el joven oficial no dudó en presentarse en la casa de la Strada Reale, pero no pudo ver ni a Hadjine ni a Xaris. No le restaba, pues, sino esperar.
«¡Si, casándose con el capitán Starkos —pensaba—, Hadjine se sacrificaba a la voluntad de su padre, ese matrimonio no se celebrará ahora que su padre ya no existe!».
Era un razonamiento justo. Y era natural deducir que si las posibilidades de Henry d’Albaret se habÃan acrecentado, las de Nicolás Starkos habÃan disminuido.
A nadie extrañará, pues, que, al dÃa siguiente, tuviese lugar a bordo de la sacoleva una conversación sobre este tema, provocado por Skopelo, entre su capitán y él.
HabÃa sido el segundo de la Karysta quien, al regresar a bordo hacia las diez de la mañana, habÃa llevado la noticia de la muerte de Elizundo, noticia que provocaba un gran revuelo en la ciudad.