El Rey Lear
El Rey Lear EL CONDE DE GLOUCESTER.—Tengo, además, un hijo legÃtimo, que le lleva a éste algunos años de ventaja, mas no por ello le quiero más. Verdad es que Edmundo nació a la vida antes que le llamasen; pero su madre era una beldad, y no hay que ocultar el vergonzoso fruto que dio a luz. ¿Conoces a este gentilhombre, Edmundo?
EDMUNDO.—No, milord.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—Es el conde de Kent. Desde ahora le respetarás como a uno de mis mejores amigos.
EDMUNDO.—Mis servicios están a las órdenes de vuestra señorÃa.
EL CONDE DE KENT.—Sois muy amable, y deseo captarme vuestro afecto.
EDMUNDO.—Procuraré, milord, hacerme digno de vuestra estimación.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—Ha permanecido nueve años lejos de su paÃs, y aún será preciso que vuelva a ausentarse. (Oyese el toque de trompetas.) ¡El rey llega!
Entran el Rey LEAR, los DUQUES de CORNUALLES y de ALBANIA, GONERIL, REGAN, CORDELIA y séquito.
LEAR.—Id, Gloucester, a acompañar al rey de Francia y al duque de Borgoña.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—Obedezco, señor.
Salen el CONDE y EDMUNDO.