El corazón de una Bridgerton
El corazón de una Bridgerton Michael siempre había sido el libertino por excelencia, el hombre que encontraba diversión en cada rincón de Londres. Las mujeres lo adoraban, y él las manejaba con la destreza de un maestro, sin comprometerse, siempre manteniendo el control. Pero Francesca lo hizo tambalear, despertando en su interior algo que no podía ignorar: un amor tan profundo que amenazaba con consumirlo. Esa noche, durante la cena de compromiso de John y Francesca, él sonrió, brindó y bromeó como siempre, pero en su interior luchaba por mantenerse entero.
—Michael, ¿no es Francesca la mujer más encantadora que has conocido? —preguntó John, con ese brillo de orgullo que solo un hombre enamorado puede mostrar. —Sin duda lo es, primo —respondió Michael, con una sonrisa que ocultaba su tormento.
John no podía ver la batalla que se libraba en su interior. Pero Michael sabía que ese amor estaba prohibido, un pecado tan grande que lo marcaría para siempre. Aun así, no podía evitar observar cada uno de los movimientos de Francesca, como si su presencia llenara de vida una parte de él que ni siquiera sabía que estaba vacía.