Ulises

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AL costado de las grúas, a lo largo del muelle de sir John Rogerson[1], el señor Bloom caminaba gravemente, pasando Windmill Lane, el molino de linaza de Leask, la oficina de Correos y Telégrafos. Podría haber dado también esa dirección. Y pasando el hogar de los marinos. Se alejó de los ruidos matinales del muelle y cruzó Lime Street. Al lado de las casitas de Brady[2] haraganeaba un chico de las basuras sujetando su cubo de despojos, fumando una colilla. Una niña más pequeña con cicatrices de eczema en la frente lo miraba, sosteniendo distraídamente un aro deformado de barril. Decirle que si fuma no va a crecer. ¡Oh, déjalo! ¡Su vida no es un lecho de rosas! Espera fuera de las tabernas para llevar a papá a casa. Ven a casa con ma, pa. Hora muerta: no habrá muchos allí. Cruzó Townsend Street, pasó la ceñuda fachada de Bethel[3]. Él sí: casa de: Alef, Bet. Y delante de Nichol, el de las pompas fúnebres. A las once es. Hay tiempo. Me atrevería a decir que Corny Kelleher se rebuscó ese trabajo con O’Neill. Cantando con los ojos cerrados. Corny. La encontré una vez en el parque. En lo oscuro. Qué risa. Espía de la policía. Luego ella me dio su nombre y dirección con mi turulum turulum tum. ¡Oh!, seguramente él lo mendigó. Entiérrenlo barato enloquepodríallamarse. Con mi turulum, turulum, turulum, turulum.


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