La isla bajo el mar
La isla bajo el mar A lo largo del tiempo, Zarité se convirtió en una parte indispensable de la casa de Valmorain. No solo trabajaba en los campos, sino que también servÃa en la casa grande, atendiendo a su amo y a los invitados que pasaban por la plantación. Era una vida de agotamiento constante, sin momentos de descanso real. Pero incluso en medio de esa opresión, Zarité mantenÃa viva una pequeña chispa de esperanza, una esperanza que le llegaba en forma de historias sobre rebeliones y libertad. Los rumores de esclavos que habÃan escapado a las montañas, de aquellos que habÃan logrado rebelarse contra sus amos, se extendÃan por los campos como el viento. Zarité escuchaba esas historias con una mezcla de temor y fascinación, preguntándose si algún dÃa ella también podrÃa ser libre.
La figura de su madre, una mujer africana que nunca conoció, se aparecÃa en sus sueños, como un eco de su pasado. En esos sueños, Zarité se veÃa a sà misma danzando en un cÃrculo de tambores, rodeada de personas que compartÃan su misma sangre. Esa conexión espiritual con su herencia africana era lo que la mantenÃa fuerte, lo que le recordaba que, aunque su cuerpo perteneciera a otros, su espÃritu no podÃa ser capturado. A medida que crecÃa, esa fuerza interna se hizo más evidente. Aunque seguÃa cumpliendo con las órdenes de Valmorain, en su interior, Zarité estaba forjando su propio destino.