Los Miserables - Parte 1
Los Miserables - Parte 1 Principiaba a apuntar el día. Fantina había pasado una noche de fiebre e insomnio, pero llena de dulces esperanzas; era de mañana cuando se durmió. Sor Simplicia, encargada de cuidarla, pasó con ella toda la noche y, al dormirse la paciente, fue al laboratorio a preparar una dosis de quinina. De pronto volvió la cabeza y dio un grito. El señor Magdalena había entrado silenciosamente y estaba delante de ella.
- ¡Por Dios, señor Magdalena! -exclamó la religiosa-. ¿Qué os ha sucedido? Tenéis el pelo enteramente blanco.
- ¿Blanco? -dijo él.
Sor Simplicia no tenía espejo; le pasó el vidrio que usaba el médico para constatar si un paciente estaba muerto y ya no respiraba. El señor Magdalena se miró y sólo dijo, con profunda indiferencia:
- ¡Vaya!
Sor Simplicia le informó que Fantina había estado mal la víspera, pero que ya se encontraba mejor porque creía que el señor alcalde había ido a buscar a su hija a Montfermeil.
- Habéis hecho bien en no desengañarla.
- Sí, pero ahora que va a veros sin la niña, ¿qué le diremos?
El alcalde se quedó un momento pensativo.
- Dios nos inspirará -dijo.