La Madre
La Madre SofÃa ya estaba en casa y recibió a la madre con un cigarrillo en los labios, afanosa y presa de la excitación.
Después de dejar al herido en el sofá, le desvendó la cabeza con destreza y, entornando los ojos por el humo, se puso a dar órdenes:
—¡Iván DanÃlovich! ¡Ya han traÃdo al herido…! NÃlovna, estará usted cansada, ¿no es cierto? ¿Pasó mucho miedo, verdad? Bueno, pues ahora descanse. ¡Nikolái, tráele a NÃlovna una copa de vino dulce!
Aturdida aún por los acontecimientos, respirando con dificultad y sintiendo un doloroso pinchazo en el pecho, la madre murmuró:
—No se preocupen por mÃ…
Si bien era evidente que todo su ser estaba pidiendo temblorosamente un poco de atención, una caricia tranquilizadora…
Nikolái, con una mano vendada, y el doctor Iván DanÃlovich, todo despeinado, con los cabellos de punta como un erizo, salieron de la habitación vecina. El médico se acercó rápidamente a Iván, se inclinó a su lado y dijo:
—¡Traigan agua, mucha agua, vendas limpias y algodón!
La madre se dirigió a la cocina, pero Nikolái la asió por el brazo izquierdo y, mientras la conducÃa al comedor, le dijo cariñosamente: