La Madre
La Madre Por la tarde llegĂł Nikolái. Almorzaron y, durante la comida, SofĂa contĂł entre risas cĂłmo se habĂa encontrado y prestado refugio a un camarada, que habĂa huido del lugar donde habĂa sido deportado, el miedo tan grande que habĂa pasado a cuenta de los agentes de la secreta, a quienes creĂa ver por todas partes, y quĂ© conducta más cĂłmica habĂa tenido el evadido. A oĂdos de la madre, algo en el tono de su voz le recordaba la jactancia del obrero que, habiendo acabado un trabajo difĂcil, se siente satisfecho del resultado.
Ahora SofĂa llevaba un ancho y ligero vestido de color acero, que le hacĂa parecer más alta. Sus ojos eran más oscuros y sus movimientos más tranquilos.
—SofĂa —dijo Nikolái despuĂ©s de la comida—, tenemos otro trabajo para ti. Ya sabes que Ăbamos a editar un periĂłdico para las aldeas, pero que luego, con los Ăşltimos arrestos, habĂamos perdido nuestros contactos con los campesinos. Pues bien, sĂłlo Pelagia NĂlovna puede ayudarnos a encontrar a la persona que se haga responsable de la distribuciĂłn del periĂłdico. AsĂ que es necesario que la acompañes en ese viaje campestre y… ¡cuánto antes mejor!
—¡De acuerdo! —dijo SofĂa, fumando un cigarrillo—. ÂżEntonces quĂ©, Pelagia NĂlovna? ÂżVamos juntas?
—¡Claro que sĂ! ¡Adelante…!