La conducta de la vida
La conducta de la vida Establezcamos con exactitud los hechos. Nuestra América tiene mala fama debido a la superficialidad. Los grandes hombres y las grandes naciones no han sido jactanciosos ni burlescos, sino que han advertido el terror de la vida y se las han arreglado para enfrentarse a él. El espartano, que incorporaba su religión a su país, moría ante su majestad sin vacilar. El turco, que cree que su condena se escribe en una hoja de hierro en el mismo momento en que entra en el mundo, se arroja a la espada de su enemigo con ánimo decidido. El turco, el árabe, el persa, aceptan el hado preestablecido.
Hay dos días en que no podrás alejarte de tu tumba,
el día señalado y el día sin señalar;
en el primero, ni el bálsamo ni el médico te salvarán,
ni el universo podrá acabar contigo en el segundo.
El hindú, bajo la rueda, es igual de firme. Nuestros calvinistas, en la última generación, tenían algo de esa misma dignidad. Sentían que el peso del universo los ponía en su sitio. ¿Qué podían hacer ellos? Los sabios perciben que hay algo de lo que no se puede hablar ni puede conjurarse, una correa o cinturón que ciñe el mundo.
El destino, ministro principal
que ejerce en todo el mundo