El Jugador
El Jugador Debí, pues, presentarme personalmente, lo que me valió una mirada furibunda del general. La buena de María Philippovna me designó inmediatamente un sitio, La presencia de Mr. Astley favoreció mis planes, y quieras que no, resulté formando parte de aquella sociedad.
Este inglés es un hombre estrafalario. Le conocí en Prusia, en el tren, donde íbamos sentados uno frente a otro, cuando yo iba a reunirme con los nuestros. Luego le encontré en la frontera francesa y finalmente en Suiza. Nos vimos dos veces en quince días… y ahora, de pronto, volvía a encontrármelo en Ruletenburg. Nunca en la vida he visto un hombre más tímido. Lo es en grado máximo y no lo ignora, pues no tiene un pelo de tonto. Es agradable, modesto, encantador. Cuando nuestro primer encuentro en Prusia, conseguí hacerle hablar. Me contó que el pasado verano había hecho un viaje al cabo Norte y que tenía grandes deseos de visitar la feria de Nijni-Novgorod.
Ignoró cómo haría amistad con el general. Creo que está locamente enamorado de Paulina. Al entrar ésta, púsose colorado como una amapola. Manifestó gran satisfacción de tenerme como vecino de mesa, y me consideraba ya como a uno de sus más íntimos amigos.