Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda 
NTRETIÉNESE el dolor y el sentimiento de las recién dadas heridas en la cólera y en la sangre caliente, que, después de fría, fatiga de manera que rinde la paciencia del que las sufre. Lo mismo acontece en las pasiones del alma: que, en dando el tiempo lugar y espacio para considerar en ellas, fatigan hasta quitar la vida.
Dijo su voluntad Auristela a Periandro, cumplió con su deseo, y, satisfecha de haberle declarado, esperaba su cumplimiento, confiada en la rendida voluntad de Periandro, el cual, como se ha dicho, librando la respuesta en su silencio, se salió de Roma, y le sucedió lo que se ha contado. Conoció a Rutilio, el cual contó a su ayo Seráfido toda la historia de la Isla Bárbara, con las sospechas que tenía de que Auristela y Periandro fuesen Sigismunda y Persiles; díjole asimismo que, sin duda, los hallarían en Roma, a quien, desde que los conoció, venían encaminados con la disimulación y cubierta de ser hermanos; preguntó muchísimas veces a Seráfido la condición de las gentes de aquellas islas remotas, de donde era rey Magsimino y reina la sin par Auristela.