Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda 
OSAS y casos suceden en el mundo, que si la imaginación, antes de suceder, pudiera hacer que así sucedieran, no acertara a trazarlos; y así, muchos, por la raridad con que acontecen, pasan plaza de apócrifos, y no son tenidos por tan verdaderos como lo son; y así, es menester que les ayuden juramentos, o a lo menos el buen crédito de quien los cuenta, aunque yo digo que mejor sería no contarlos, según lo aconsejan aquellos antiguos versos castellanos que dicen:
Las cosas de admiración
no las digas ni las cuentes,
que no saben todas gentes
cómo son.
La primera persona con quien encontró Constanza fue con una moza de gentil parecer, de hasta veinte y dos años, vestida a la española, limpia y aseadamente, la cual, llegándose a Constanza, le dijo en lengua castellana:
—¡Bendito sea Dios, que veo gente, si no de mi tierra, a lo menos de mi nación: España! ¡Bendito sea Dios, digo otra vez, que oiré decir vuesa merced, y no señoría, hasta los mozos de cocina!
—Desa manera —respondió Constanza—, ¿vos, señora, española debéis de ser?