Poemas & Elegias
Poemas & Elegias 185 Ya puedes venir, esposo: tu mujer te aguarda en el lecho radiante con su rostro en flor, como la blanca margarita o la roja 190 amapola. Pero, esposo, válganme los habitantes del cielo, tú no eres menos guapo, ni Venus se ha olvidado de ti. Pero se va el día. Date prisa, no te retrases.
195 No te has retrasado mucho. Ya llegas. Válgate una Venus propicia, pues lo que deseas lo deseas a las claras y no ocultas 200 tu buen amor. Lleve antes la cuenta del polvo de África y de las brillantes estrellas, el que quiera contar los muchos miles 205 de vuestros juegos. Holgaos como os plazca y pronto dadnos hijos. No conviene que un apellido tan antiguo quede sin descendientes, sino que siempre se vaya procreando del mismo 210 tronco. Quiero que un Torcuato pequeñito, tendiendo desde el regazo de su madre sus tiernas manos, ría con dulzura a su pa215 dre con la boquita entreabierta. Sea parecido a su padre Manlio y reconózcanlo con facilidad todos los que no lo sabían y muestre en su rostro el pudor de su madre. Tal renombre pro220 cedente de una madre honrada denote su linaje, como la fama sin igual de su excelente madre permanece para Telémaco, hijo 225 de Penélope. Cerrad las puertas, vírgenes. Basta de fiestas. En cambio, vosotros, honestos esposos, vivid felices y en vuestra tarea ejercitad vuestra fuerte juventud.
Segundo epitalamio.