El verano
El verano El Mediterráneo tiene un sentido trágico solar, y no es el mismo que el de las brumas. Ciertos atardeceres —en el mar, al pie de las montañas—, cae la noche sobre la curva perfecta de una pequeña bahÃa y, desde las aguas silenciosas, sube entonces una plenitud angustiada. En esos lugares se puede comprender que si los griegos han tocado la desesperación ha sido siempre a través de la belleza y de lo que tiene de opresivo. En esa dorada desdicha culmina la tragedia. Por el contrario, nuestra época ha alimentado su desesperación en la fealdad y en las convulsiones. Y por esa razón, Europa serÃa innoble, si el dolor pudiera serlo alguna vez.