Retorica
Retorica Desde otro punto de vista, la recuperación de la retórica se ha hecho asimismo plausible. En Verdad y Método de Gadamer[14], el análisis de la retórica aparecía como un problema esencial para la «historia de la recepción de las tradiciones». Y en La metáfora viva de P. Ricoeur, como uno de los dos vectores —juntamente con la poética— de la transformación del lenguaje natural en los lenguajes codificados de los distintos saberes[15]. Ahora bien, si con ello el papel de la retórica ha crecido (como se ve por Apel y Habermas[16]) hasta el punto de convertirse en un nivel de análisis necesario para el diálogo de las tradiciones ideológico-culturales, por otra parte, el encuentro de la hermenéutica y el estructuralismo ha traído consecuencias que explícitamente incluyen la consideración del análisis retórico. La situación de «extrañamiento», a que se refiere R. Barthes[17] y sin la que no cabe concebir interpretaciones textuales solventes, ha resultado ser un principio de gran eficacia, tanto si se aplica a la semántica en el sentido de J. Greimas[18], como si se refiere a la recepción social (y a su papel como fenómeno del «mensaje») de que tratan algunos trabajos de G. Genette, J. Durand y C. Bremond[19]. Que todos estos estudios no deben ser considerados como piezas aisladas o cómo fragmentos fortuitos, lo demuestra el que han sido transformados en una «disciplina» del programa estructuralista cuyo mejor ejemplo es ahora la Rhétorique générale del grupo μ[20]. Y, por otra parte, que las propuestas hermenéutico-estructuralistas no tienen por qué ser discrepantes o inconciliables con el punto de vista semiótico, se percibe con claridad a través de los análisis de D. Breuer[21], en los que ambas perspectivas conviven y se exigen mutuamente. Con ello, en fin, aparecen justificadas las palabras de H. Schanze, según las cuales «se ha formado una nueva situación que sólo puede designarse como renacimiento de la retórica»[22].