Anillos para una dama
Anillos para una dama Pero Jimena ya no se detiene. La confesión de su amor no es un capricho. Es una declaración de guerra contra los siglos, contra las iglesias y las cortes. El problema no es solo a quién ama, sino el derecho a amar. Jimena empieza a comprender que su mayor enemigo no es Alfonso, ni el obispo, ni su hija, ni siquiera Minaya. Es el relato al que la han encadenado.
La tensión crece como una cuerda tirante. Todos quieren que Jimena sea sÃmbolo. Ella solo quiere ser persona. Y en medio de esa batalla silenciosa, su confesión ha puesto en marcha una serie de consecuencias imposibles de detener.
El amor ha sido dicho. El conflicto, desatado. Y el precio, aún por calcular.
La amenaza almorávide ya no es un rumor. Valencia tiembla bajo el redoble de tambores enemigos, pero dentro del alcázar, otro estruendo golpea con más fuerza: el corazón de Jimena. Mientras las murallas se preparan para resistir el asedio, ella libra una guerra privada por el derecho a elegir su destino.
—No es que la Historia esté llamando a la puerta, rey Alfonso —le dice a su soberano—. Lo que tú oyes son los latidos de mi corazón.